El Porís de Abona

El Porís amanece despacio. Primero se oye el mar contra la piedra, luego alguna persiana, luego el coche de alguien que baja a trabajar. Aquí la gente vive todo el año: madruga, saluda, tiende la ropa en la azotea. Por eso la noche es tan callada, y por eso pedimos silencio a partir de las ocho.

A veces el agua sale con menos fuerza. Pasa cuando el pueblo entero se ducha a la vez, después de la playa o antes de la cena. Es la misma red para todas las casas, y aprender su ritmo forma parte de vivir aquí unos días.

Hay un gato que no es nuestro y se cree de todas las casas. Si entra, es cariño; si molesta, se le puede invitar a salir.

Los contenedores están al final de la calle, hacia un lado o hacia el otro: los verdes para la basura y el amarillo para los envases. A tres minutos andando está el primer supermercado, y un bar donde el café se toma sin prisa. El mar está cerca y es de piedra: charcos, callaos, agua clara. Las playas de arena quedan en coche.

El Porís conserva su alma porque la sostiene la gente que vive en él, cada día. Venir aquí es entrar un poco en esa vida, con el cuidado con el que se entra en casa de alguien.

Cómo estamos en el pueblo

  • Las fiestas no tienen sitio en las casas. Las celebraciones familiares, un cumpleaños o un reencuentro, las hablamos antes, en persona: las hemos tenido, con familias que lo han disfrutado y han cuidado la casa, al vecindario y el silencio de la noche.

  • Te hablaremos de los lugares que nos gustan y que merece la pena conocer. Los pocos rincones que les quedan a quienes viven aquí, los guardamos. Si tu curiosidad te lleva a alguno, disfrútalo en voz baja y guárdalo para ti y para los tuyos.

  • Queremos que vuelva el pueblo: que prosperen las tiendas pequeñas, conocer a quien nos vende el pan, que el camarero se siente un momento a la mesa y pregunte por la familia. Por eso no recomendamos cadenas.

  • Lo que inviertes aquí se queda con la gente que vive en la isla. Gracias por elegirnos por eso.

Palabras de aquí

  • Porís: pequeño refugio de la costa donde se resguardaban las barcas de pesca. De ahí le viene el nombre al pueblo.

  • Alisio: el viento del nordeste que sopla buena parte del año y empuja las nubes contra el norte de la isla.

  • Guagua: el autobús.

  • Gofio: harina de cereal tostado, de millo o de trigo. Está en la cocina canaria de siempre.

  • Papas arrugadas: papas pequeñas cocinadas con su piel en agua con mucha sal, hasta que la piel se arruga.

  • Mojo: la salsa que las acompaña, rojo o verde.

  • Charco: piscina natural de agua de mar entre las rocas.

  • Callao: piedra redonda que el mar ha ido puliendo. Una playa de callaos es una playa de piedras.

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